En marco de “La noche de las librerías”, llegó a mí el último libro de Victoria Guerrero : Y la muerte no tendrá dominio (Fondo de cultura económica Perú, 2019).

El texto aborda el duelo de la protagonista, quien acaba de perder a su madre y reflexiona mediante pequeñas pero significativas postales acerca de la muerte y algunos rituales establecidos en torno a ella.

Tras la lectura, fue imposible desapegarme de una serie de sensaciones en torno a cómo la muerte despierta en nosotros una serie de reacciones tan distintas entre sí . A propósito de ello, conversé con Victoria Guerrero, quien respondió a #Las5cortas.

 

Por:

Gianfranco Hereña Rodriguez 

 

¿Ha cambiado tu percepción acerca de la muerte tras la publicación de este libro?

Creo que todo depende de qué muerte y de qué contexto. En todo caso, el libro ha servido de alguna manera para ordenar la cartografía de mis visiones y de mis sentimientos. Hay muertos que pesan más que otros o que duelen más de diversas maneras. Sea porque los amas o sea porque te une a ellos sentimentos ambiguos y dolorosos. También hay muertos a cuya muerte te afilias de manera ética. Publicar este libro solo me ha hecho darme cuenta de todas estas diferentes dimensiones. Este libro intenta hablar de una relación íntima con la muerte en mi propia experiencia personal, pero que es, a la vez, la experiencia de muchas y muchos. En ese sentido, es una experiencia emocional, pero a la vez política.

El texto habla del duelo, entre otras cosas, pero también lo siento como una crítica hacia varios rituales que hemos normalizado con relación a la pérdida de alguien, ¿Te has topado con alguno que aún hoy te genere sospechas? Es decir, ¿Existe algún ritual relacionado a la muerte que aún no logres entender del todo?

Más que una crítica, digamos que la narradora no siente que los rituales católicos digan lo que ella quiere decir. De allí que deje hacer a los otros. En esos momentos no vale la pena imponerse. Después de todo, la muerte de alguien es, generalmente, la pérdida y el dolor de muchos otros. Eso no quiere decir que la narradora no se sienta invadida o despojada de su propia ceremonia de despedida. Yo respeto los rituales, me parecen necesarios. Hay algo sobrecogedor en ellos, en esa despedida de lo material. Las iglesias no me dicen nada. Son rituales institucionalizados. Creo en una despedida más íntima y personal.

El conflicto tejido en torno a madres e hijas ha ido adquiriendo relevancia en los últimos años en la literatura peruana más contemporánea. Sin embargo, pareciera ser todavía un tema tabú el cuestionarse el amor incondicional y filial, ¿A qué crees que se deba?

La figura de la madre sigue siendo tabú, sobre todo, en América Latina donde se esperan madres sacrificadas, madres que se ajusten a una perfección de nobleza, belleza y profesionalismo. Esa súper mujer contemporánea es un mito. Un mito que se nos ha impuesto para saber que nunca llegaremos a alcanzarlo. Sin embargo, en este momento hay un número importante de mujeres escribiendo y publicando, exigiendo su derecho a decir su palabra. De allí que estos temas comiencen a ser hablados y escritos. El feminismo quiere desacralizar el mito de esa madre perfecta. Quiere hablar de otras formas “imperfectas” de ser madre. Finalmente, ser madre es el/la que cuida. Y cuantas mujeres mejores que nuestras propias madres nos han cuidado en nuestras vidas. Yo diría que muchísimas. Me atrevería a decir que la maternidad es una cuestión de afiliación más que de filiación. Muchas de nuestras madres sintieron el mandato de serlo, de constituir un hogar, pero no se sintieron realizadas en él. Se sintieron alienadas. Por eso causaron dolor en sus casas, porque ellas mismas ya estaban heridas.

 

El libro es un híbrido agradable. Es prosa pero también es poesía y contiene apuntes interesantes acerca de otros textos , ¿Consideras en el futuro apelar a un registro similar?

 

Estoy abierta a muchos caminos en la escritura. Realmente no tengo idea de qué escribiré en un siguiente libro y si este será una prosa. Es decir, hoy escribo poemas como siempre lo hago, pero no veo fuego en ellos o, por lo menos, no veo una estructura que me satisfaga aun. Me inclinaría a decir que quizá este es un momento para la prosa en mí. Obviamente una prosa muy personal. Yo soy poeta. Quiero ser leída desde allí. Todo lo que escribo es algo mío en mí, algo que no puedo explicar hoy aquí, pero es una marca, un sello íntimo. Cuando escribí Un golpe de dados (novelita sentimental pequeño burguesa) era justamente eso, simplemente, seguir mi propio instinto. Mi trabajo está en la academia, en ese mundo tengo que escribir trabajos con citas y fuentes, y me alegra que en este texto haya podido fusionar todas esas escrituras. Un día podría escribir un guion y seguiría siendo poeta.

Finalmente, el título surge a partir de un poema de Dylan Thomas, y luego como mencionas en otra entrevista, le das (o pretendes dar) un sentido a partir de unos versos en la contratapa, ¿Es difícil ponerle titulo a un texto de este tipo, sobre el que admites no haber tenido control?

En un primer borrador pensé que el título debía ser ese, pero era solo eso, una primera escritura que fue muy difícil. A medida que el texto iba cobrando cuerpo, entendí que ese no era el título que debía tener. Nombrarlo ya no dependía de un verso. Su sello era más radical que ese hermoso verso de Dylan Thomas. El texto toca tantas aristas que hablar solo de la muerte no le hacía justicia. Era hablar de la madre, era hablar del duelo, era hablar de la miseria de los servicios hospitarios, era hablar de una coneja. Justamente, el proceso de afirmar y tachar el título forma parte de esta falta de control. La duda, la autocensura de todo el proceso. En su edición final el texto muestra sus cicatrices en los espacios, las elipsis, los cortes de una escena a otra. La contratapa alude a esto: “un verso tachado es una cicatriz/una vagina/una huella/una cabellera rapada/un conejo nacido de madre/una lengua que/miente/cuya belleza hace sombra/en ti & en mí”. La idea de hacer sombra es justamente la tachadura que, además, es nacimiento, huella y muerte, principio y fin.

 

 

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