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El corazón delator

Posted by on Oct 20, 2016 in Cuentos | 0 comments

poe

(CUENTO) ¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces? Escuchen… y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia.

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Sólo para fumadores

Posted by on Oct 18, 2016 in Cuentos, Destacados | 0 comments

ribeyrocuento

(CUENTO) Sin haber sido un fumador precoz, a partir de cierto momento mi historia se confunde con la historia de mis cigarrillos. De mi periodo de aprendizaje no guardo un recuerdo muy claro, salvo del primer cigarrillo que fumé, a los catorce o quince años. Era un pitillo rubio, marca Derby, que me invitó un condiscípulo a la salida del colegio. Lo encendí muy asustado, a la sombra de una morera y después de echar unas cuantas pitadas me sentí tan mal que estuve vomitando toda la tarde y me juré no repetir la experiencia.

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El escarabajo de oro

Posted by on Oct 8, 2016 in Cuentos | 0 comments

escarabajo

¡Hola, hola! ¡Este hombre baila como un loco!
Lo ha picado la tarántula.

(Todo al revés)

(CUENTO) Hace muchos años trabé íntima amistad con un caballero llamado William Legrand. Descendía de una antigua familia protestante y en un tiempo había disfrutado de gran fortuna, hasta que una serie de desgracias lo redujeron a la pobreza. Para evitar el bochorno que sigue a tales desastres, abandonó Nueva Orleans, la ciudad de sus abuelos, y se instaló en la isla de Sullivan, cerca de Charleston, en la Carolina del Sur.

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William Wilson- Edgar Allan Poe

Posted by on Oct 5, 2016 in Cuentos | 0 comments

¿Qué dirá de esto, qué dirá la horrenda conciencia,

ese espectro que está en mi camino?

CHAMBERLAIN, Pharronide

(CUENTO) PERMÍTASEME, por el momento, llamarme William Wilson. La blanca página que ahora está ante mí no debe ser manchada por mi verdadero nombre. Ha sido ya éste con exceso objeto de desprecio y de horror, de abominación para mi estirpe. ¿No han divulgado su incomparable infamia los indignos vientos por las más distantes regiones del globo? ¡Oh, el más abandonado proscrito de todos los proscritos!, ¿no has muerto por siempre para la tierra, para sus honores, para sus flores, para sus doradas aspiraciones? ¿Y no está suspendida eternamente una nube densa, lúgubre e ilimitada entre tus esperanzas y el cielo?

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La botella de chicha-Julio Ramón Ribeyro

Posted by on Ago 3, 2016 in Cuentos | 0 comments

botelladechicha(CUENTO) En una ocasión tuve necesidad de una pequeña suma de dinero y como era imposible procurármela por las vías ordinarias, decidí hacer una pesquisa por la despensa de mi casa, con la esperanza de encontrar algún objeto vendible o pignorable. Luego de remover una serie de trastos viejos, divise, acostada en un almohadón, como una criatura en su cuna, una vieja botella de chicha. Se trataba de una chicha que hacía más de quince años recibiéramos de una hacienda del norte y que mis padres guardaban celosamente para utilizarla en un importante suceso familiar. Mi padre me había dicho que la abriría cuando yo –me recibiera de bachiller–. Mi madre, por otra parte, había hecho la misma promesa a mi hermana, para el día –que se casara–. Pero ni mi hermana se había casado ni yo había elegido aún que profesión iba estudiar, por lo cual la chicha continuaba durmiendo el sueño de los justos y cobrando aquel inapreciable valor que dan a este género de bebidas los descansos prolongados.

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El niño que tenía que morir- Quim Monzó

Posted by on Ago 3, 2016 in Cuentos | 0 comments

monzó

 

(CUENTO) Vivía en La Diagonal, cerca Entenza y en la acera de mar. Yo tenía diez años, y él, quizás ocho. Era delgado, de aspecto pálido y quebradizo. Su padre era médico y a su mujer le decía siempre “No te preocupes, ya verás cómo lo curo. Te juro que lo curaré”. Y es verdad que se dedicaba a ello: se pasaba horas y horas todos los días, buscando en libros de medicina referencias a la enfermedad de su hijo, y escribía cartas a especialistas de todo el mundo para encontrar una solución.

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Como la vida-Lorrie Moore

Posted by on Ago 3, 2016 in Cuentos | 0 comments

likelife

(CUENTO) Todas las películas de aquel año trataban sobre gente con placas en la cabeza: espíritus de otra galaxia que se reúnen de noche en un pueblo de veraneo y se apoderan de todos sus habitantes; de todos excepto del hombre con la placa en la cabeza. O: una chica con una placa en la cabeza pasea por la playa y cree que es otra persona. Las olas arrojan las pruebas a la orilla. Hay marineros. O: una mujer sueña con una preciosa casa en la que no vive nadie y un día pasa delante de esa casa: cúpula, tejado a dos aguas y porche. Se dirige hacia la casa, llama a la puerta y le abre lentamente ¡ella misma!, una mujer sonriente que es su réplica exacta. Lleva una placa en la cabeza.

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Berenice se corta el pelo

Posted by on Jul 21, 2016 in Cuentos | 0 comments

berenice

 

(CUENTO) Los sábados, cuando se hacía de noche, desde el primer tee del campo de golf veías las ventanas del club de campo como una línea amarilla sobre un océano negrísimo y ondulante. Las olas de ese océano, por así decirlo, eran las cabezas de una multitud de caddies curiosos, de algunos de los chóferes más ingeniosos y de la hermana sorda del instructor del campo de golf. Y solía haber algunas olas despistadas y tímidas, que, si hubieran querido, hubieran podido entrar en el club. Eran la galería.

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Wayanaquitos

Posted by on Jul 1, 2016 in Cuentos | 1 comment

danzanteAltun pasan, Wayanaquito,

ancha chiqui ccamcca casccanqui

(Por lo alto pasas, Wayanaquito,

de mal agüero habías sido)

 

Copla huancavelicana

(CUENTO) Modesto Ñaupa despertó temprano. Miró el reloj anciano que colgaba en la pared de esteras: cinco y cinco de la mañana. Se frotó los ojos, miró el techo de cartón sobre su cama y se quedó oyendo el sonido metálico de ollas y cucharones que llegaba de a lado. Imaginó a su mujer preparando el desayuno, volvió a concentrarse en el techo e intentó recordar qué es lo que había soñado. No pudo, pero le pareció oír el rumor lejano de la tonada de un huayno que hacía mucho tiempo no escuchaba. Aguzó el oído y sólo pudo reconocer el jadeo de las llamas de kerosene crepitando en la cocina. La melodía le quedó dando vueltas en la cabeza. Intentó recordar el estribillo confiado en que tenía la canción guardada en algún rincón de la memoria, a punto de revelarse.

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