El astro propicio

Por Leopoldo Lugones

 

Al rendirse tu intacta adolescencia,

emergió, con ingenuo desaliño,

tu delicado cuello, del corpiño

anchamente floreado. En la opulencia,

 

del salón solitario, mi cariño

te brindaba su equívoca indulgencia

sintiendo muy cercana la presencia

del duende familiar, rosa y armiño.

 

Como una cinta de cambiante falla,

tendía su color sobre la playa

la tarde. Disolvía tus sonrojos,

 

en insidiosas mieles mi sofisma,

y desde el cielo fraternal, la misma

estrella se miraba en nuestros ojos.

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