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Un paréntesis de alegría

Posted by on Abr 26, 2017 in Cuentos, Destacados | 0 comments

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CABS
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MESSY EVENING
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UMBRELLA
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OLD TRAM
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THE MIXTURE
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Ve un auto estacionado y una pareja canibalizándose; el Inefable se percata que las manos de la carnicera van calando desde los hombros, yendo en vertical. Le jode, pues están en la puerta de su edificio. Se acerca, golpea la ventanilla y les dice: “¡vayan a hacer sus cochinadas a un hotel, a la playa o un parque!”. Su vecina se baja indignada: “usted va a escucharme”. El auto arranca.

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Estimado Stalker / Alberto Beingolea, el fútbol y mi educación sexual

Posted by on Feb 7, 2017 in Narrativa y poesía escogida | 0 comments

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Estimado Stalker:

Créeme que honra que hurgues mi cuenta de correo, aunque no sé muy bien qué buscabas. No encontrarás nada precioso, todo es morralla ahí. Si querías saber de mí, hubieras ido a mirar el mar. O empezabas por entrevistarte con mis amigos. Salen a precio ganga: una botella de cerveza la confesión, media caja y son juez de parte, una botella de ron y te animan a mandar la moto.

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El buche- Antonio Gálvez Ronceros

Posted by on Ene 27, 2017 in Cuentos, Literatura | 0 comments

campiña

– Buche, ¿no sientes frío?
– No.
– Yo sí, hombre
– ¿No será de miedo?
– ¡De miedo!… ¿Crees que soy maricón?
– Eso lo veremos más de un ratito.
– Ya verás.

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Con Jimmy en Paracas

Posted by on Feb 3, 2016 in Cuentos | 0 comments

jimmyparacas

 

(CUENTO) Lo estoy viendo realmente; es como si lo estuviera viendo; allí está sentado, en el amplio comedor veraniego, de espalda a ese mar donde había rayas, tal vez tiburones. Yo estaba sentado al frente suyo, en la misma mesa, y sin embargo, me parece que lo estuviera observando desde la puerta de ese comedor, donde ya todos se habían marchado, ya solo quedábamos él y yo, habíamos llegado los últimos, habíamos alcanzado con las justas el almuerzo.

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Cinco para las nueve- Alonso Cueto

Posted by on Jul 27, 2015 in Cuentos | 4 comments

cincoparalasnueve

 

(CUENTO)  Van a ser las ocho y el sol brilla sobre la isla de cemento que estoy pisando. Me encuentro a mí mismo, me descubro en una calle cerca de uno sárboles, junto a un poste. No sé muy bien en qué barrio.

Un regimiento de hormigas camina. Las patitas marchan hacia arriba,hacia abajo, en círculos. La corriente me hace apurarme. Un enorme rinocerontecorre en mi cabeza. Pienso que puedo pararme en la pista y que el rinoceron te va a salir y va a correr delante de mí. Ahora siento un microbús: el bufido ronco,la nube de óxido. Ya tengo menos fuerza. Voy a buscar un restaurante para entrar al baño. Hay un velo de luz sobre las paredes de la calle. Hay una maceta y una flor en una ventana. Tengo que llegar a las ocho.

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El descubrimiento de América- Alfredo Bryce Echenique

Posted by on Jul 26, 2015 in Cuentos | 0 comments

(CUENTO) América era hija de un matrimonio de inmigrantes italianos. Una de las muchachas más hermosas de Lima. ¡Qué bien le queda su uniforme de colegiala! Su uniforme azul marino de colegiala. De colegiala que ya se cansó de serlo. De colegiala con mentalidad pre-automovilística, pre-lujosa, y prematrimonial. De colegiala que se aburre en las clases de literatura, que jamás comprendió las matemáticas, y que piensa sinceramente que Larra se suicidó por cojudo, y no por romántico. Era su último año de colegio, y no sabía como ingeniárselas para que su uniforme pareciera traje de secretaria. Usaba las faldas bastante más cortas que sus compañeras de clase, y se ponía las blusas de cuando estaba en tercero de media. ¡América! ¡América! Si no hubieras estado en colegio de monjas, tus profesores te hubieran comprendido. Pero, ¿para qué?, ¿para quién?, esas piernas tan hermosas debajo de la carpeta. Refregaba sus manos sobre sus muslos, y se llenaba de esperanzas.

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Okinawa existe- Augusto Higa

Posted by on Jul 27, 2015 in Cuentos | 0 comments

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(CUENTO) A las seis de la mañana, la obachan Miyagui abrió los ojos.Había tenido un sueño trabado. Todavía en el letargo, observó que las paredes y las sillas danzaban irreales. Esperó un momento. Sintió una garra de frío en el vientre, como siempre. Y sin saber por qué, no puedo frenar su presagio: ese día, sin falta, urgente, vendría la muerte. Transcurrieron minutos para reponerse. De manera que a sus setenta y seis años, abismada en el delirio,ingresó en la cotidianidad. Arregló la cama. Se cambió de ropa. En el baño,suspendida en el instante, se mojó la cara y cepilló sus dientes. Sin dejar de suspirar, en el espejo vio una bandada de pájaros matinales. Otra vez en el dormitorio, tras la ventana a la calle, descendió la lluvia irremediable de cangrejos. La obachan Miyagui no dijo nada, tampoco pensó nada, escrupulosa y puntual, escuchó ruidos en la trastienda: sus nietos tomaban desayuno, partían rumbo al colegio. Lo demás, las siguientes horas, era una repetición exacta delos días anteriores. Sin reconvenciones, mecánico y ritual, su hijo Yochan corría las cortinas del negocio, una tienda de abarrotes en la esquina de Huancavelica y Angaraes.

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Caballos de medianoche- Guillermo Niño de Guzmán

Posted by on Jul 18, 2015 in Cuentos | 0 comments

CABALLOSDEMEDIANOCHE(CUENTO) – No me gusta el agua – dijo ella, y dibujó un mohín con los labios -. No me gusta nada.

-¿Cómo que no te gusta? -repuso él, mientras la sostenía al bordede la tina-. A las niñas buenas les gusta el agua y se ba­ñan todos los días.

– Yo no soy una niña buena.

-¿Conque no eres una niña buena? Entonces, ¿se pue­de saber quéclase de niña eres? Porque si no eres una niña buena tienes que ser una niñamala…

 

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Los gallinazos sin plumas- Julio Ramón Ribeyro

Posted by on Jun 25, 2015 in Cuentos | 0 comments

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(CUENTO) A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disuelve el perfil de los objetos y crea como una atmósfera encantada. Las personas que recorren la ciudad a esta hora parece que están hechas de otra sustancia, que pertenecen a un orden de vida fantasmal. Las beatas se arrastran penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los noctámbulos, macerados por la noche, regresan a sus casas envueltos en sus bufandas y en su melancolía. Los basureros inician por la avenida Pardo su paseo siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta hora se ve también obreros caminando hacia el tranvía, policías bostezando contra los árboles, canillitas morados de frío, sirvientas sacando los cubos de basura. A esta hora, por último, como a una especie de misteriosa consigna, aparecen los gallinazos sin plumas.

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