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Cinco para las nueve- Alonso Cueto

Posted by on Jul 27, 2015 in Cuentos | 4 comments

cincoparalasnueve

 

(CUENTO)  Van a ser las ocho y el sol brilla sobre la isla de cemento que estoy pisando. Me encuentro a mí mismo, me descubro en una calle cerca de uno sárboles, junto a un poste. No sé muy bien en qué barrio.

Un regimiento de hormigas camina. Las patitas marchan hacia arriba,hacia abajo, en círculos. La corriente me hace apurarme. Un enorme rinocerontecorre en mi cabeza. Pienso que puedo pararme en la pista y que el rinoceron te va a salir y va a correr delante de mí. Ahora siento un microbús: el bufido ronco,la nube de óxido. Ya tengo menos fuerza. Voy a buscar un restaurante para entrar al baño. Hay un velo de luz sobre las paredes de la calle. Hay una maceta y una flor en una ventana. Tengo que llegar a las ocho.

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El descubrimiento de América- Alfredo Bryce Echenique

Posted by on Jul 26, 2015 in Cuentos | 0 comments

(CUENTO) América era hija de un matrimonio de inmigrantes italianos. Una de las muchachas más hermosas de Lima. ¡Qué bien le queda su uniforme de colegiala! Su uniforme azul marino de colegiala. De colegiala que ya se cansó de serlo. De colegiala con mentalidad pre-automovilística, pre-lujosa, y prematrimonial. De colegiala que se aburre en las clases de literatura, que jamás comprendió las matemáticas, y que piensa sinceramente que Larra se suicidó por cojudo, y no por romántico. Era su último año de colegio, y no sabía como ingeniárselas para que su uniforme pareciera traje de secretaria. Usaba las faldas bastante más cortas que sus compañeras de clase, y se ponía las blusas de cuando estaba en tercero de media. ¡América! ¡América! Si no hubieras estado en colegio de monjas, tus profesores te hubieran comprendido. Pero, ¿para qué?, ¿para quién?, esas piernas tan hermosas debajo de la carpeta. Refregaba sus manos sobre sus muslos, y se llenaba de esperanzas.

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Lindbergh- Iván Thays

Posted by on Jul 26, 2015 in Cuentos | 2 comments

lindbergh

 

(CUENTO) Toda la mañana he estado viendo el rostro de Paulo y el mío en la televisión. Los periodistas están haciendo guardia en la entrada de mi edificio. Abajo, en la sala, unos policías me han pedido permiso para intervenir el teléfono y leen un periódico de fútbol en el comedor. He llamado a Lucía para decirle que, por supuesto, hoy no iré a hacer el programa. Ella se ha puesto a llorar en el teléfono. Es imposible que esto te esté pasando a ti, dijo. Pues sí me está pasando, le dije y colgué. No puedo evitar pensar en ella como una enemiga. Pero ¿quién no se convierte en un enemigo cuando han secuestrado a tu hijo y tú tienes que estar encerrado en tu cuarto viendo su foto en los noticieros, declaraciones de supuestos amigos, de policías, de vecinos? Me ha parecido extraño ver a Felipe en el noticiero del canal donde trabajo hablando de mí en tercera persona. Al final ha dicho algo así como que me he convertido en el Lindbergh peruano.

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Okinawa existe- Augusto Higa

Posted by on Jul 27, 2015 in Cuentos | 0 comments

higa

 

(CUENTO) A las seis de la mañana, la obachan Miyagui abrió los ojos.Había tenido un sueño trabado. Todavía en el letargo, observó que las paredes y las sillas danzaban irreales. Esperó un momento. Sintió una garra de frío en el vientre, como siempre. Y sin saber por qué, no puedo frenar su presagio: ese día, sin falta, urgente, vendría la muerte. Transcurrieron minutos para reponerse. De manera que a sus setenta y seis años, abismada en el delirio,ingresó en la cotidianidad. Arregló la cama. Se cambió de ropa. En el baño,suspendida en el instante, se mojó la cara y cepilló sus dientes. Sin dejar de suspirar, en el espejo vio una bandada de pájaros matinales. Otra vez en el dormitorio, tras la ventana a la calle, descendió la lluvia irremediable de cangrejos. La obachan Miyagui no dijo nada, tampoco pensó nada, escrupulosa y puntual, escuchó ruidos en la trastienda: sus nietos tomaban desayuno, partían rumbo al colegio. Lo demás, las siguientes horas, era una repetición exacta delos días anteriores. Sin reconvenciones, mecánico y ritual, su hijo Yochan corría las cortinas del negocio, una tienda de abarrotes en la esquina de Huancavelica y Angaraes.

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Día domingo- Mario Vargas Llosa

Posted by on Jul 24, 2015 in Cuentos | 0 comments

Díadomingo

 

(CUENTO)Contuvo un instante la respiración, clavó las uñas en la palma de sus manos y dijo my rápido: “Estoy enamorado de ti”. Vio que ella enrojecía bruscamente, como si alguien hubiera golpeado sus mejillas, que eran de una palidez resplandeciente y muy suaves. Aterrado, sintió que la confusión ascendía por él y petrificaba su lengua. Deseó salir corriendo, acabar: en la taciturna mañana de invierno había surgido ese desaliento íntimo que lo abatían siempre en los momentos decisivos.

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Caballos de medianoche- Guillermo Niño de Guzmán

Posted by on Jul 18, 2015 in Cuentos | 0 comments

CABALLOSDEMEDIANOCHE(CUENTO) – No me gusta el agua – dijo ella, y dibujó un mohín con los labios -. No me gusta nada.

-¿Cómo que no te gusta? -repuso él, mientras la sostenía al bordede la tina-. A las niñas buenas les gusta el agua y se ba­ñan todos los días.

– Yo no soy una niña buena.

-¿Conque no eres una niña buena? Entonces, ¿se pue­de saber quéclase de niña eres? Porque si no eres una niña buena tienes que ser una niñamala…

 

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El príncipe- Oswaldo Reynoso

Posted by on Jul 14, 2015 in Cuentos, Literatura | 0 comments

losinocentes(CUENTO ) 6 de agosto. (Vacaciones de medio año) Con púdica delicadeza de niña, Manos Voladoras guardó el dinero y, en una cargada atmósfera de miel de colonia, invitó:

– El que sigue, por favor.

Don Lucho, el dueño del billar “La Estrella”, quitándose el saco, avanzó al gran sillón, a través de reflejos azulinos.

– Corte alemán, como siempre.

Manos Voladoras con mirada provocativa y gesto resentido, contestó:

– Ya lo sé, Don Lucho. Conozco el gusto de mis clientes.

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Los gallinazos sin plumas- Julio Ramón Ribeyro

Posted by on Jun 25, 2015 in Cuentos | 0 comments

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(CUENTO) A las seis de la mañana la ciudad se levanta de puntillas y comienza a dar sus primeros pasos. Una fina niebla disuelve el perfil de los objetos y crea como una atmósfera encantada. Las personas que recorren la ciudad a esta hora parece que están hechas de otra sustancia, que pertenecen a un orden de vida fantasmal. Las beatas se arrastran penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los noctámbulos, macerados por la noche, regresan a sus casas envueltos en sus bufandas y en su melancolía. Los basureros inician por la avenida Pardo su paseo siniestro, armados de escobas y de carretas. A esta hora se ve también obreros caminando hacia el tranvía, policías bostezando contra los árboles, canillitas morados de frío, sirvientas sacando los cubos de basura. A esta hora, por último, como a una especie de misteriosa consigna, aparecen los gallinazos sin plumas.

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Warma Kuyay- José María Arguedas

Posted by on Jun 15, 2015 in Cuentos | 0 comments

warma (CUENTO) Noche de luna en la quebrada de Viseca. Pobre palomita, por donde has venido, buscando la arena, por Dios, por los suelos.
-¡Justina! ¡Ay, Justina!
En un terso lago canta la gaviota, memorias me deja de gratos recuerdos.
-¡Justinay, te pareces a las torcazas de Sauciyok’!
-¡Déjame, niño, anda donde tus señoritas!
-¿Y el kutu? ¡Al Kutu le quieres, su cara de sapo te gusta!
-¡Déjame, niño Ernesto! Feo, pero soy buen laceador de vaquellas y hago temblar a los novillos de cada zurriago. Por eso Justina me quiere.
La cholita se rió, mirando al Kutu; sus ojos chispeantes como dos luceros.

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