Título: La humillación
Autor: Philip Roth
Editorial: Mondadori, 2009

Simon axler no sólo parece haber perdido su capacidad de actuar en los escenarios sino también su capacidad para desenvolverse con naturalidad en la vida, como si hubieran mutilado un órgano vital de su ser. “Su talento estaba muerto”. Como si en cada instante de su vida fuera consciente de que está interpretando un papel, como si ni siquiera su propia frustración fuera genuina sino una burda representación.

Por Gabriel Canessa

Aterrado por la idea del suicidio al quedarse solo en la casa de la que su esposa ha huido desquiciada, Simon se interna en un psiquiátrico. Pasa veintiséis días en ese hospital y allí conoce a una paciente que le cuenta su tragedia familiar y cómo la hizo llegar hasta allí; el recuerdo de esa historia rondará a Simon hasta el final de la novela y será definitivo en su resolución.

“Lo peor de todo era que entreveía ese desmoronamiento, de la misma manera que podía entrever su forma de actuar. El sufrimiento era atroz y, sin embargo, dudaba de que fuese auténtico, cosa que lo empeoraba”.

“El único papel a su alcance era el de una persona que representa un papel”.

Simon no cree que pueda recuperar su talento, le cierra las puertas a la posibilidad de volver al teatro. Asume su destino desde la perspectiva más trágica y los dolores paralizantes en su espina dorsal suman como la confirmación de que su carrera está acabada.

 “Dejar de ser el actor que era de una manera tan precipitada resultaba inexplicable, como si una noche, mientras dormía, le hubieran despojado del peso y la sustancia de su existencia profesional. La capacidad de hablar y escuchar mientras te hablaban en un escenario… a eso se reducía todo, y eso era lo que había desaparecido”.

De repente, aunque de manera abrupta, aparece Pegeen, una mujer a la que le lleva más de veinte años, una mujer que vio cuando todavía era una niña, puesto que sus padres eran amigos suyos. Ella aparece para llenar ese vacío que ha dejado su talento actoral perdido. Él concentra todas sus fuerzas en Pegeen, en convertirla en la mujer que él quiere, en mimarla en todo y darle la estabilidad que ha perdido con su anterior pareja. Deciden llevar adelante la relación y aunque Simon teme que todo se desmorone apenas ella se recupere, sigue adelante cegado por la felicidad que siente, porque ella le ha devuelto las ganas de vivir a pesar de no poder recuperar su talento; esto es el desencadenante de su ruina.

Lo que tiene que encarar tras su decisión lo hunde progresivamente en la humillación: los padres de Pegeen y sus puntos de vista sobre su relación con él, las opiniones de ella misma sobre su relación con Simon, la decana que tuvo un amorío con ella y empieza a acosarlo a él, los coqueteos de ella con unas estudiantes, el sometimiento de Simon a los caprichos de Pegeen y sus sentimientos sobre su lugar en la relación.

Simon Axler se refugia en el autoengaño, asienta sus esperanzas en la representación de una posibilidad, “una reivindicación de la euforia por la que se proponía luchar, que quería poner en práctica y disfrutar”, parecida a la que sintió cuando empezó a actuar. A continuación, choca con la realidad y constata que desde el principio se ha entregado a una farsa. Que hasta ahora lo único que ha hecho ha sido demorar el desenlace definitivo.

La estructura de esta novela es bastante más simple comparada a otras de Philip Roth, los temas que aborda podrían haberse profundizado más. El sexo, aunque necesario para restablecer a Simon, se presenta en escenas un tanto exageradas, aunque sus matices quieran hacer patentes la humillación del protagonista. Es una novela que se puede leer de una sentada y podría darle al lector principiante de Roth una mirada a algunos de los temas que pueblan su obra aunque sin la potencia y profundidad con los que se ofrecen en otras de sus novelas. Sin embargo, Roth mantiene la precisión de su estilo, ese en el que los párrafos y las frases dan la impresión de que no podrían haberse construido mejor de otra manera.

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