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Los diarios de Emilio Renzi

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Autor: Ricardo Piglia
Editorial: Anagrama, 2016

(RESEÑA) La segunda entrega de Los diarios de Emilio Renzi se puede resumir en una palabra: sabiduría. El libro cuenta la historia personal que Renzi (es decir, Piglia) registró entre 1968 y 1975, años en los que el autor alcanzó una primera madurez literaria reflejada en la consecución de los cuentos que conforman Nombre falso (Siglo XXI, 1975). 

Por:

Jack Martínez Arias

Creer en la escritura del yo “es una ingenuidad”, sentencia Renzi antes de presentarnos sus diarios, y no se equivoca. Dice eso mientras reflexiona sobre la naturaleza del diario como género literario. Acostumbrado a intercalar anécdotas con análisis de corte filosófico, Renzi propone la imposibilidad de representar literariamente al yo en su real y completa dimensión. Esto es, si el yo, si la historia fiel de ese yo es por naturaleza inabarcable, contradictoria, incoherente, inenarrable y fragmentaria; la escritura del diario no es más que un artificio a través del cual se busca crear una ilusión de coherencia y unidad (aunque ésta sea superficial) a lo que es esencialmente caótico e inaprehensible.

A partir de esa reflexión, Renzi ya nos anuncia la dinámica narrativa que desarrollará el libro, una dinámica en la que interactúan dos elementos interdependientes: vida y literatura: la vida de Renzi narrada a través de sus deseos de escritor por encontrar “un tono propio”, a través de sus lecturas, de sus referentes, de sus encuentros y conversaciones con otros escritores, de su forma de concebir la ficción. No es para nada gratuita, entonces, la definición que él mismo practica frente a su libro, llamándolo “una biografía intelectual”.

Otra relación que teje este libro–aunque esta vez sin tanto éxito–es aquella que conforman la vida del autor y la historia política de Argentina. ¿En qué momentos se cruzan la vida personal con el devenir nacional?, se pregunta Renzi. E intenta ensayar una respuesta, por ejemplo, a través del relato del impacto que tuvo la muerte de Perón (1974) sobre la sociedad argentina. Sin embargo, este relato carece de potencia y–como sucede con otros relatos de muertes de personas vinculadas de una u otra forma a Renzi–se torna más bien frío y anecdótico.

Pero volviendo a lo esencial, al vínculo del protagonista con la literatura, estos diarios nos muestran a un Renzi que, como escritor, se construye a sí mismo sobre la base de afinidades y oposiciones con respecto a los referentes literarios argentinos de esa época. Así, muestra su rechazo hacia los escritores que siguen o imitan a Julio Cortázar, al mismo tiempo que se considera heredero de una tradición iniciada por Arlt y Borges. Por supuesto, Renzi también se referirá a modelos internacionales como Hemingway, Chandler o Conrad. De esta manera, el lector de los diarios tiene acceso a los reparos y elogios que Renzi ejecuta sobre sus lecturas (y que aparecen a manera de mini-reseñas). Al mismo tiempo, través de estos comentarios críticos, se puede reconocer la poética literaria que Renzi desea para su propia obra. En ese sentido, por ejemplo, no son pocas las líneas que le dedica la la “prosa cínica” de Nabokov, o a la escritura “original, muy poco frecuente, extraordinaria” de Puig.     

A partir de esa relación que Renzi establece con la escritura de otros autores, además, se filtra también una especie de angustia reflejada en la búsqueda de una poética propia. Y es la narración de esa búsqueda el elemento fundamental y más logrado del volumen. En los diarios tenemos a un joven escritor que lee (no solo libros sino también su entorno social) en clave literaria, desmontando todo tipo de discursos, rastreando técnicas narrativas que podría usar en sus proyectos de ficción. También distinguimos las dificultades que Renzi enfrenta al contar sus historias, las trabas del proceso de escritura, las dudas, las decisiones de abandonar y retomar proyectos. Y de toda esta búsqueda, acaso la más urgente que emprenderá Renzi en su primera etapa como escritor será aquella que le permita encontrar un sobresaliente manejo del lenguaje, la ironía y el misterio.

Entonces vemos que todo en este libro tiene que ver con la formación del escritor. Por ello, hasta las escenas que se refieren a los eventos sociales de Renzi estarán envueltas con el quehacer literario. El recorrido vital del protagonista consta de encuentros con amigos o conocidos (también creadores o críticos), con escritores reconocidos (no tienen pierde las entrevistas con Onetti, Borges y Puig), con reuniones en las que se trazan proyectos de revistas literarias, guiones, entrevistas o artículos. La vida de Renzi parece estar tan enfocada en lo literario que hasta lo que él considera el mejor evento que le ha ocurrido en el año, tiene que ver con la escritura: “Lo mejor del año fue el cuento El fin del viaje, que escribí en diez días a razón de dos páginas por día”.

Es tal vez por esa concentración total en lo literario que aquello que escapa a ese contexto–como las referencias a la política de las que hablé antes–no alcanza una brillantez estética ni emotiva en estos diarios. Ese es el caso de las anécdotas que Renzi cuenta con respecto a las mujeres que lo acompañaron durante el periodo narrado de su vida. La manera en la que aborda las relaciones con Amanda, Tristana, Julia, Iris y otras es más bien trivial, meramente descriptiva. Renzi nunca expone sus sentimientos (tampoco los que guarda frente a su padre o a su madre, que aparecen de vez en cuando), sino que se concentra exclusivamente en lo racional y reflexivo. Y si bien es cierto que Borges–acaso el referente mayor de Piglia–alcanzó la genialidad con esta misma receta en sus cuentos breves, también es cierto que Piglia, en un género más extenso como el del diario, no logra logra alcanzar lo mismo cuando deja de lado la discusión literaria para referirse a lo amoroso, lo familiar o lo político.

Sin embargo, aún con altibajos, esta segunda entrega de Los diarios de Emilio Renzi–junto a la primera–, constituye la obra cumbre de Piglia (¿qué obra maestra de esta envergadura y amplitud no acusa puntos débiles?). Es cierto que para llegar hasta este punto el autor ha tenido que pasar por la escritura de obras previas–algunas tan memorables como Respiración artificial y Plata quemada–; y que Los diarios, entonces, parecen constituir parte del final del camino, un final que, a diferencia de otros finales en las carreras de escritores reconocidos, no marca un declive, sino todo lo contrario. Y por lo tanto habría que señalar que lo que Piglia/Renzi dice haber intuido tantos años atrás terminó cumpliéndose con este largo proyecto diarístico que aún nos depara un tercer y definitivo tomo: “¿Y si lo mejor que yo he escrito, y si lo mejor que yo escribiré en mi vida, fueron estas notas, estos fragmentos en los que registro que nunca alcanzo a escribir como quisiera?”  

Frases de Los años felices:

“No me interesa el género policial, me interesa escribir relatos bajo la forma de una investigación”

“Nunca lograré que un libro mío esté a la altura de mis expectativas”

“Narrar es tomar decisiones”

“Mis terrores actuales se fundan en el miedo al exceso de conciencia: al pensar de más”

“Escribo a partir de Hemingway y Arlt”

Lee también:  http://elbuenlibrero.com/los-diarios-de-emilio-renzi-ricardo-piglia/

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