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SANCHEZ

(ENTREVISTA) Pasos silenciosos entre flores de fuji (Paracaídas Editores, 2016) de Diego Alonso Sánchez es un poemario del tránsito: un conjunto de poemas que trabajan la simultaneidad de las acciones mientras las reflexiones se desplazan por un trayecto indeterminado. La estructura narrativa y lírica del conjunto busca efectos visuales que se materializan en bellas descripciones o en profundas reflexiones. Al final del camino, la poesía es una especie de consecuencia natural de todas las acciones o la vía para revelar la esencia de la existencia. En otros momentos, el poema es la interrupción del silencio en plena oscuridad. De estos y otros temas, conversé brevemente con Diego Alonso Sánchez.

Por:

Lenin Pantoja Torres

En esta suerte de trilogía de tu obra, la idea de camino es constante: Por el pequeño sendero interior de Matsuo Basho (Lustra Editores, 2009), Se inicia un camino sin saberlo (Fondo Editorial de la APJ, 2014) y Pasos silenciosos entre flores de fuji (Paracaídas Editores, 2016). A nivel estructural, ¿qué tan importante para tu poesía es el motivo del tránsito?

En realidad la idea de ir, de buscar, es muy importante para todo lo que hago. Pero este puede ser un recorrido sin dar un solo paso, porque pienso que debe darse de manera interna; si se quiere, espiritualmente. En mis tres libros, los personajes principales van en pos de algo que nunca encuentran, porque ya lo tienen en el interior, sin saberlo, silenciosamente.

Cover (3)Tu trayectoria confirma el interés creativo y académico que tienes por la cultura oriental. En Pasos silenciosos entre flores de fuji, ¿qué técnicas poéticas o modos de concebir la poesía de esa tradición has empleado?

La literatura japonesa clásica me fascina y conmueve profundamente. He sentido especialmente atracción por las novelas íntimas (a manera de diario) de un grupo de escritoras cortesanas del periodo Heian, quienes, sin practicar la poesía, tienen grandes dotes líricas. En Pasos silenciosos entre flores de fuji, de alguna manera aparecen los fantasmas de esas damas cortesanas, Murasaki Shikibu y Sei Shonagon, quienes se dedicaron a escribir estampas elegantes del esplendor imperial del Japón medieval. Pero, también de esta época, tengo preferencias por los poetas del tanka, como Ki no Tsurayuki y Ono no Komachi, quienes representaron delicadamente los más primorosos escenarios de Yamato, de los siglos X y XI. Pero, propiamente, no utilizo ninguna técnica de este canon; solo he tomado prestados los aromas y los colores de este periodo tan maravilloso y los he acomodado antojadamente a mi estilo.

En tu último libro, la lectura adquiere tintes visuales y rítmicos que se relacionan con las sensaciones que producen los ambientes naturales. En tus poemas, ¿la naturaleza busca ser protagónica o se concibe como un escenario donde se sitúan otros temas y diferentes tramas?

Es curioso, pero fuera de cualquier disquisición temática, técnica o estilística, todos mis libros utilizan como fondo las cuatro estaciones naturales del año. Y bajo estos cambios sutiles del clima y del tiempo, dispongo paisajes con reminiscencias orientales, con el objetivo de brindar un fondo verosímil a los sentimientos y pensamientos de mis personajes. En este sentido, sí, la naturaleza ejerce una poderosa influencia en mi poesía.

En la mayoría de tus poemas de Pasos silenciosos entre flores de fuji, la aparición de la poesía está mediada o anticipada por pequeñas historias. Para tu libro, ¿la poesía es una consecuencia natural de cualquier acción o reflexión?

Soy muy aficionado a la poesía de la contemplación. En la tradición literaria japonesa, existe una manera de entender los hechos comunes que está cargada de una extraña reflexión, que no deja moraleja ni motiva a la acción. Así, en Pasos silenciosos…, de alguna manera aparece la filosofía zen, a pesar de que no soy practicante budista, pero sí un admirador. Esta sería una manera sutil de alcanzar el fondo de las cosas que me suceden, pero sin darle calificativos o sentencias, porque inmediatamente perderían su valor. Algo de eso quiero representar en el poemario.

En el sentido tradicional, la cantidad de los versos es poca. Sin embargo, la potencia semántica o la proyección de los contenidos es amplia. En ese sentido, ¿qué tan importante es la sugestión o sugerencia de reflexión hacia el lector en tu poemario?

La verdad pienso mucho en eso: si realmente mis textos tienen arrastre reflexivo y sugerente, es por el mismo motivo que te comentaba en la pregunta anterior. En mi poesía no busco el golpe de K.O. ni el final abierto, sino intento esa pequeña sabiduría de los que no son doctos ni pretenciosos y se deslumbran de lo cotidiano. Todavía no sé si aquello lo he logrado, pero perseguiré esa naturaleza siempre. A pesar de que con Pasos silenciosos… he finalizado mi trabajo orientalista, el rigor contemplativo me acompañará todavía.

 

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