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Mano a mano con Lamberti

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(ENTREVISTA) Apuro el paso y llego puntual, diez minutos antes de lo previsto. En el lobby, la recepcionista me indica que la línea telefónica está ocupada y que Lamberti probablemente baje en unos minutos. Así lo hace. Camina hacia mí y lo primero que pienso es en Córdoba, en el partido en que Belgrano le ganó a River y lo mandó a la B. Antes de continuar con el speech, Lamberti alza la mano, como cuando un policía detiene el tráfico y lanza la advertencia: “A mi el fútbol me chupa un huevo”. Advierto entonces que estoy ante un autor que tiene las cosas claras, que va contra el cliché y cuya narrativa es tan directa como puntual. Sin más telón de expectativa, iniciamos la conversación.

Por:

Gianfranco Hereña

Has venido a la Feria a presentar “El loro que podía adivinar el futuro”. Cuéntame un poco sobre eso.

Bueno, fijate. Yo antes había escrito  “El asesino de chanchos” que es un libro de cuentos realistas un poco que intentaban mostrar la realidad de la época y sobre todo a partir del lugar. Yo nací en Córdoba y digamos que lo escribí desde el interior del interior, porque lo hice desde San Francisco, un pueblo que a lo mucho tendrá setenta mil habitantes. Era un libro de relatos que no se tratan del típico cuento cerrado sino que son ese tipo de narraciones donde los personajes no entienden demasiado. En esta ocasión, lo que traté con “El loro que podía adivinar el futuro” era de no repetirme. Es una especie de homenaje a mis lecturas de infancia; Bradbury, King. Lo que trato de escarbar es un poco más en la ciencia ficción y volver un poco a las formas de narrar más tradicionales. Me interesaba esta idea del loro de Flaubert que es un animal que puede hablar y que tiene el espíritu santo a contraparte de la paloma, porque es un animal feo. Y es además es un cuento que viene a tratar sobre los dones mágicos. Un tipo compra un loro y el loro lo termina volviéndolo su esclavo. Yo siempre me imagino a Dios como un animal. Un ente sin consciencia moral. Alguien a quien no podemos acusar de cuestiones morales. Alguien que simplemente ES y nada más. Y que encima nos está observando.

“En este mundo hiperveloz, devastado por el caos y la velocidad, cada libro de Lamberti es una experiencia religiosa. Uno se sumerge en ellos al igual que varios de los personajes de estos cuentos, que van cayendo uno tras otro en una realidad paralela. Uno se hace adicto a él, como si el libro fuese un loro con facultades sobrenaturales y un poder inmenso y doloroso. El libro es un animal. Los libros de Lamberti son animales. Una especie en extinción. Ballard, Millhauser, Borges, los hermanos Wachowski, Carnivale, Stephen King, el asesino de chanchos: son, y somos, los enjaulados del libro. Y atravesamos este lugar, con las manos en la cara.” Pablo Natale

¿Por qué la ciencia ficción? Es una propuesta bastante arriesgada.

Sí, es verdad, sobre todo en Lationoamérica. Generalmente cuando hablamos de ciencia ficción hablamos de tecnología y digamos que por esta región no somos tan aficionados a eso, al menos no históricamente. A la ciencia ficción es más fácil ubicarla en Estados Unidos que en Argentina ¿Entendés? porque al abordar los géneros uno debe tratar de ser verosímil  y no es fácil. Hay algunos autores que ya lo vienen haciendo tipo Angélica Gorodischer, Elvio Gandolfo, Marcelo Cohen, pero no hay una tradición. Tenés razón cuando decís que es arriesgado pero sobre todo es difícil. Nadie me va a creer si te digo que aparecen naves espaciales. Pero extraterrestres, por ejemplo, sí hay. Atienden en un call center (risas). Como te digo, en literatura se trata de hacerlo todo verosímil.

¿Eres minucioso para pulir tus textos?

Fijate, hacía tiempo que quería escribir algo así y lo hice en un año. Me conseguí una máquina de escribir. Ayudó, porque te deja menos margen de error. Y es que cuando uno corrige a veces uno anda yendo como para atrás. Al menos para las primeras versiones soy exigente. Después, claro, yo al menos escribo cinco o seis versiones más. Todo proceso de escritura implica esfuerzo, aunque algunos escritores digan lo contrario. Eso sucede en mi caso, yo trato de reescribir un cuento hasta que quede bien. Ese es el punto.

Hablas de la precisión al escribir y aquí, según lo que veo, tuviste una incursión breve en la poesía también.

Sí, con un poemario al que le puse “San Francisco” como la ciudad en la que vivo. Eran poemas bastante narrativos. Digamos que fue ahí donde empecé a escribir cuentos. Al fin y al cabo, yo entiendo la poesía como el espacio donde la literatura es más pura. La leen unos pocos, generalmente los mismos poetas, y es la que requiere que tengas cierto background literario para entenderla. Entonces digamos que al final escribí narrativa pero no perdí jamás el tono poético y esto porque al final tratar de encajar dentro de uno u otro género es complicado. Yo siempre digo que al final los géneros son como una especie de invento. La poesía empieza con Gilgamesh que cuenta una historia de ciencia ficción, un hombre que era invencible. Te narraba una historia ¿Viste? Entonces al final nosotros metemos en cajas con etiquetas algunas cosas que no necesariamente lo son. El propio Juan José Saer también trabajaba con esa disonancia de los géneros; sus poemas eran bastante narrativos y su narrativa era bastante poética.

¿Crees que los géneros generan prejuicio en el lector? Es decir, ¿Encasillar puede resultar peligroso?

Sí. En el caso de ciencia ficción al menos creo que sí. En poesía a veces funciona, a veces no. Me parece que los géneros son estructuras abiertas que si uno los trabaja bien puede que terminen funcionando. Podemos decir que todo son géneros y que hay algunos, en especial para los amantes de la “alta literatura”, que consideran a ciertos géneros como baratos y les va a causar cierto escozor leerlos. Al final yo no escribo para ellos. Así que estoy y me siento tranquilo.

Hay algo en los títulos de tus libros de narrativa que me llama la atención y es la referencia a los animales. Pero me detengo sobre todo en el primero, “El asesino de chanchos”, porque es bastante visceral.

Justamente es el primer cuento del libro y trata sobre un chico que escapa de casa. Su familia es disfuncional, como casi todas. Conoce a una chica hippie y se entera sobre un carnicero loco que va matando gente. Hay un cruce de ideas visceral, sí, porque los “chanchos” aluden a los burgueses y en sí misma la palabra es fuerte.

Lamberti y una cabeza de cerdo recién cortada. Él lleno de sangre, como una metáfora de lo que representa parte de esa narrativa argentina marcada por el miedo.

“Chancho” quizá sea una de las palabras con mayor amplitud de significados negativos en el castellano. Quizá ser un “asesino de chanchos” implique tomar represalias contra gran parte de la humanidad…

(Risas) Totalmente de acuerdo. Aparte yo tengo cierta  familiaridad con los chanchos. Yo viví rodeado de vacas y cerdos que luego eran colgados en ganchos. Y así crecí, entonces creo que me marcó. Aparte de eso buscaba un título impactante pero que tampoco cayera en la estupidez.  Funcionó. Aparte vi que en la literatura argentina había una especie de tradición por la literatura de la sangre, la literatura política sobre todo. Pero lo he hecho sin introducirme en literatura política. Solo una vez escribí un cuento sobre peronismo para una antología que incluí en la reedición “El asesino de chanchos”. Lo que lo diferencia era justamente mi experiencia del interior, una más barrial y ahí entran a tallar las experiencias de uno. Como decía García Márquez “La patria de uno es su infancia”. Y estoy de acuerdo con eso.

La marca del peronismo ha cruzado a varias generaciones. En sí mismo, el tema de violencia política en América Latina ha sido bastante recurrente.

En Argentina, al menos en literatura, da la impresión de que nuestro país fluctúa entre dictaduras militares y peronismo. Es un imaginario muy fuerte que consta mucho de símbolos, de la historia de sangre que trae consigo y es prácticamente imposible despegarse de eso. Aquí, según lo que me contaron, Sendero también marca una ruta literaria. Pero lo que sí hay que hacer es darle la vuelta a eso y no repetirse. Porque a veces suele parecer demasiado. Entiendo que es difícil escapar a ciertos temas, pero se trata de escribir más sobre lo que uno siente y diferenciarlo de la versión políticamente correcta, la que uno espera. Con el tema de la dictadura,  el Kirchenismo lo que ha hecho es tomar ese discurso que en los noventas resultaba perturbador y lo volvió oficial. Con eso creo que mató a las novelas sobre dictaduras. Es más, ahora a las novelas que salen no me les quiero ni acercar porque sé que será lo mismo que me dirá la televisión. Cuando el mundo se vuelve progresista el problema es caer en el fascismo para ser perturbador. Es como el tema que te tiran por la cabeza y del que sí o sí tienes que hablar.

Entonces para ti, se trata de escribir más desde lo que uno siente que desde el tema.

Así es. Creo que siempre fue así.

Desde lo que te ha ocurrido, de cómo has visto el mundo, ¿Vaciar esas experiencias ha resultado productivo?

Sí, absolutamente. Más no ocurre lo mismo con el resto de gente. Por ahí uno dice que es escritor y la gente te empieza a contar su vida, cuando en verdad lo interesante en la vida no es interesante en literatura. Escribir es más bien un artificio. No es tanto “sobre la vida” sino una “protesta contra la vida”. Es lo que nos gustaría vivir y jamás podremos. Lo más parecido a la vida sería algo así como “Los soprano”, una serie de hechos sin sentido que no tienen conexión entre sí. Lo extraordinario parte muchas veces de lo cotidiano y en ese sentido te lanzo un título: “El bigote” de Emmanuel Carrere. De pronto un tipo se quita de encima algo ha mantenido por años para sorprender a su mujer y de ese hecho sale toda una trama, porque la mujer ni se inmuta. Entonces empiezan las especulaciones, va tejiéndose una trama…

¿Y cuál es ese hecho que estás trabajando y del cual crees que se desencadenará una trama?

Mi última novela, La maestra rural, que sale el próximo año (2016). Está entre fantástica y ciencia ficción, pero prefiero que sean los lectores quienes le den la etiqueta.

 

Entrevista hecha el: 10/10/15

FOTO: La Voz (Argentina)

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