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Jaime Cabrera: “Un día estás arriba, eres el todopoderoso de la prensa, y luego ya no tienes tribuna o injerencia en el teje y maneje de la información”

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(ENTREVISTA) Lo he visto con cámara en mano, fotografiando y tomando apuntes en cuanta presentación de libros he cubierto. También lo he visto alguna vez en la Casa de la Literatura Peruana, armando un evento de intercambio de libros y correteando de un lado a otro, con la sonrisa cómplice de quien acaba de realizar una travesura para luego decirme: “ya tengo material”. A lo largo de cinco años, Jaime Cabrera- director de Lee por gusto- ha sabido mantener el mismo ritmo, sortear adversidades (incluida una censura) y darse maña para estar siempre en la cima del éxito virtual. Con perfil bajo, multiplicándose para cumplir con una serie de obligaciones pero sin perder el ánimo, se dispone a responder a las preguntas que le hicimos sobre el quinto aniversario de Lee por Gusto.

Por:

Gianfranco Hereña

¿Qué significa para ti el haber estado al frente de una web como Lee por gusto?

Ante todo muchas gracias por la entrevista, Gianfranco. Se suele decir que un periodista no debe ser el centro de la noticia, que solo debe estar detrás y que “entre gitanos no nos debemos leer las manos”. Los cinco años de Lee por gusto son, en todo caso, un pretexto para reflexionar sobre lo que he hecho en este tiempo y, sobre todo, si vale la pena continuar. Los números que terminan en cinco y en cero te hacen reflexionar un poco, y en esas he estado en estos últimos meses. Para responder a tu pregunta puedo decirte que para mí Lee por gusto ha significado la oportunidad de poder leer más y no dejar dormir el ejercicio periodístico, pues cuando abrí la página como un blog de Perú21, era una suerte de puerta para salir, conversar con gente y, sobre todo, ejercer el oficio. Me preparaba mucho para hacer una entrevista, leía todo lo que podía encontrar sobre un entrevistado, eso me devolvió un poco la fe en el periodismo. Creo que quien más se ha beneficiado –no me refiero a lo económico, obviamente– he sido yo. Nunca pensé que este intento tímido por abrir un blog para escribir sobre literatura pudiera significar algo tan importante. Tanto que me cuesta hacerme la idea que pueda desprenderme de este proyecto.

“… Antes andaba a tientas en una librería queriendo llevar todo y nada a la vez. Ahora tengo el conflicto de que quisiera leer solo lo que quisiera y que por la página debo leer nuevas publicaciones para poder hacer entrevistas o para hacer algún comentario (no me atrevo a llamarlas reseñas)….”.

El trabajo es sacrificado y las recompensas en el sentido monetario suelen ser escasas, por no decir nulas ¿Alguien te lo ha hecho notar? Digamos tu familia, tu novia…¿Cómo lo toman?

Siempre he sido muy perfil bajo en lo que hago, y en mi casa también he manejado todas mis cosas con discreción. En un inicio quizás porque sentí que había decepcionado a mis padres por no estudiar Medicina, y luego porque es mi manera de ser: no hacer mucho aspaviento, no celebrar pequeñas victorias, no creérsela nunca aunque para mis adentros ando alentándome. Sin embargo, cuando empezaba a notarse un poco en qué invertía mi tiempo, por qué me iba de viaje a Argentina o Colombia, iba contando a mis padres y a mi hermana que esta página era algo que me tomaba muy en serio. Con la censura de 2013 en Perú.21, y que motivó mi renuncia, el apoyo de ellos fue total. Cuando iba conociendo más personas con las que compartía el gusto por la literatura me sentía muy bien. Entonces, para no evadir tu pregunta, he podido ganarme la comprensión en casa. Yo podría escribir el libro “El inútil de la familia” porque muchas veces no he hecho mis labores domésticas por andar metido en lo de la página. He tenido tanto apoyo de mis padres, especialmente de mi mamá, que de ella salió la idea de poder tener un estudio propio donde actualmente puedo poner mis libros y poder concentrarme en leer o preparar los post de la página. Con mi novia he podido encontrar similar comprensión, pues es como si yo fuera un padre soltero y Lee por gusto fuera mi hijo. Entonces, he tenido mucho apoyo de ella y eso es importante, pues siempre temo que me diga que la tengo postergada por darle prioridad a la página.

 

 

Conoces autores, los entrevistas y los reseñas. Eso genera discrepancias a veces con algunos de ellos, es parte inevitable del oficio. No te pido nombres pero ¿Cuál ha sido uno de los problemas más complicados de lidiar en ese sentido?

Creo que lo más difícil es lidiar con el ego de los escritores. Creo que en la literatura no hay tango ego como en ningún otro gremio, y lo digo luego de haber escrito algunos años sobre deportes y espectáculos en páginas web. Eso descuadra un poco, pues el futbolista o farandulero no anda tan pendiente de lo que publican sobre él o ella como el escritor. Es cierto que se debe a que no hay mucho espacio para la literatura, pero creo que no se deben tomar en serio ni los halagos ni las críticas. Por eso para mí lo más sano es no ser amigos –pero tampoco enemigos, ojo– de los escritores. Hay que tener una relación cordial y que si hay una crítica esta no debe ser ad hominem. No pretendo pontificar sobre nada, solo que en este tiempo de haberme metido casi de contrabando en el mundo literario eso me llamó la atención en un inicio.

 

¿Algo ha cambiado en ti durante todo este tiempo?

Difícil pregunta como para responderla en corto. Creo que en estos cinco años he aprendido a leer de manera más sostenida. He aprendido a leer continuamente en el transporte público e incluso de pie en el Metropolitano, donde siempre entro por la segunda puerta y busco ubicarme cerca de las barandas de la puerta censurada del frente. Otra cosa que haya cambiado es que ahora ya sé determinar las lecturas que me interesan. Antes andaba a tientas en una librería queriendo llevar todo y nada a la vez. Ahora tengo el conflicto de que quisiera leer solo lo que quisiera y que por la página debo leer nuevas publicaciones para poder hacer entrevistas o para hacer algún comentario (no me atrevo a llamarlas reseñas).

 

Considero que un punto de quiebre en la historia de tu página fue la censura aplicada por un diario para el cual antes trabajabas. Con ello saliste del anonimato y se inició un nuevo período para la web ¿Cómo te afectó en ese momento y cómo lo llevaste después?

Pues en el momento que se produjo esto fue complicado. Sentí una decepción y también tenía mucha incertidumbre. Visto en retrospectiva creo que el motivo por el cual se bajaron la página de la web de Perú21 fue una estupidez. Y si nos aferramos a la creencia de que las cosas ocurren por algo, parece que esa situación ayudó, como bien dices, a que la página saliera del anonimato total, aunque también en un mundo donde no hay muchos lectores o interesados en lo literario. La idea de renunciar al diario para mí no fue la más feliz, pero tenía que hacer notar que el haber censurado la página me producía una gran molestia y que no me iba a ir tan gratis. Al final, mira tú, te das cuenta de lo efímero que es el poder. Un día estás arriba, eres el todopoderoso de la prensa, y luego ya no tienes tribuna o injerencia en el teje y maneje de la información. Ahora, creo también, que he tenido suerte, pues pensé que iba a quedarme en la calle por mucho tiempo y luego pude ingresar a trabajar a la Casa de la Literatura Peruana. Definitivamente esa situación ayudó mucho a visibilizarme, pues como ya te conté, la figuración no es lo mío.

 

El sábado 21 de noviembre, a las 6 pm, Lee por gusto celebrará su quinto aniversario en el Centro Cultural de la Universidad Cayetano Heredia, en Miraflores.

Lee por gusto es un referente de crítica y difusión literaria a nivel nacional. Eso, me imagino, debe hacerte sentir orgulloso. Sin embargo, has sabido mantener el perfil bajo y aceptar con humildad el crecimiento ¿Has sentido en algún momento que se te “subieron los humos”?

A veces pienso que soy el peor jefe de prensa de mí mismo.  Cuando veo a otras personas que mueven más la lengua que las manos y consiguen más rápido cosas me quedo pensando en que sería mejor ser ‘entrador’ y marketearse más. Sin embargo, son estilos, me cuesta un poco aparecer demasiado y, como quizás intuyas, el hecho de que mi cara no aparezca en los videos de las entrevistas que hago hablan un poco de cómo veo la situación. Entonces con todo eso no hay posibilidad de que se me hayan subido los humos. Si me permites te cuento algo sobre eso. Últimamente me escriben mucho por el correo e inbox del Facebook de Lee por gusto. Se trata de jóvenes o no tan jóvenes escritores que han publicado algo y quieren una ayuda para difundir sus obras. Materialmente me es imposible ayudarlos, pues debo aclarar que mi trabajo principal no es Lee por gusto, entonces a veces me han dicho que soy elitista, que solo doy bola a los consagrados. Pero también es cierto que un escritor debe preocuparse mucho más en escribir, y escribir con la mayor honestidad posible, que pensar en la promoción. Veo que los jóvenes asocian  la publicación a la consagración, cuando nada que ver. Yo mismo me bajo la llanta cuando por asomo creo que la página puede ser importante. Me pregunto: ¿quiénes al despertar lo primero que hacen es digitar www.leeporgusto.com? Yo soy el único de todas maneras. La difusión y este trabajo disciplinado –para que veas que puedo hablar bien de mí- son quizás el gran mérito de la página. No creo que Lee por gusto ayude a fomentar la lectura. Quizás a lo sumo despierta el interés. Lee por gusto está hecha fundamentalmente a la medida y tiene pretensiones de convertirse en un medio de referencia literario. No quiero pasar por alto el agradecimiento que tengo con las personas que colaboraron y aún colaboran con la página. Ellos lo hacen de manera desinteresada y con calidad, lo cual lo hace doblemente meritorio.

Jaime Cabrera en Aracataca, pueblo natal de Gabriel García Márquez.

Recuerdo con bastante agrado la cobertura que hiciste de la Feria del libro de Bogotá, donde además tuviste la oportunidad de hacer un reportaje desde Aracataca, pueblo de GGM. Cuéntame un poco de eso ¿Qué impresión te llevaste?

Tenía el deber, por decirlo de alguna forma, de ir a la tierra de Gabo estando en Colombia. Coincidió que el año pasado el Perú fue el país invitado de honor de la Feria de Bogotá y semanas antes del inicio había fallecido García Márquez. Como no tengo posibilidad de viajar siempre me impuse esa comisión y quedé contento, pues siempre quise conocer el lugar que inspiró Cien años de soledad. Fue toda una aventura llegar a Aracataca, pues el pueblo es muy pequeño y en el terrapuerto nadie me dio razón de cómo llegar salvo una señora que me dijo: “seguro que usted quiere ir a la zona bananera”, y como sabía que por ahí estaba el pueblo, pues tomé el bus. Los cataqueros –así es el gentilicio- tiene la necesidad de que el pueblo pueda crecer a través del turismo. Incluso ahora insisten en que un poco de las cenizas de su hijo ilustre estén allá. A mí Aracataca me pareció un calco de Macondo. Cuando veía a gente sentadas en mecedoras junto a las puertas de sus casas, los billares, o la biblioteca Remedios la bella, pues esta idea quedaba reforzada. 

Estamos metidos en la difusión literaria y por ende, hemos visto la expansión rápida de algunas editoriales independientes ¿Cuál es tu opinión al respecto? Con respecto a lo que has visto en todo este tiempo ¿Cómo sería tu balance?

Las editoriales independientes han ayudado a dinamizar el mercado editorial y a poner el libro a un precio más asequible. Por eso me parece excelente que puedan seguir creciendo y apareciendo más sellos que, incluso, van especializándose y que le pongan esmero también en el diseño y presentación de los libros. No quiero mencionar nombres específicos para no obviar a ninguna, pero creo que el trabajo de los editores es muy importante más aun cuando hacen honor a su nombre y muchas veces trabajan palmo a palmo con el autor y ayudan a mejor más las obras.

 ¿Cómo se ve Jaime Cabrera en los cinco años siguientes?

Asu madre… ahora entiendo cuando alguna vez preguntaba a los escritores por su futuro literario y había un silencio sepulcral. Bueno, tratando de responder a tu pregunta, con toda sinceridad me gustaría decirte que me gustaría que haya un décimo aniversario de Lee por gusto y que este sea un medio que no solo tenga presencia virtual sino también impresa. Ese es un deseo, y, ahora, ver qué puede ocurrir es difícil, pues también tengo incertidumbres laborales y existenciales. Me gustaría encontrar alguna forma de que esta idea crezca. En esas se ha sumado mi amigo Christian Ávalos para poder hacer lo que a mí me cuesta un montón: ver posibilidades de crecimiento, de que esto pueda autosostenerse en el futuro. Pero ese es un deseo. No sabremos si podrá concretarse. Pero hay que intentarlo, ¿no?

Foto principal

Créditos: André Agurto.

 

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2 comments

  1. Nando G. Vaccaro Talledo 16 Noviembre, 2015 at 03:34 Responder

    Buenas. Debo decir que me ha gustado y motivado mucho la entrevista realizada por Gianfranco a Jaime, que por supuesto podría haber sido más extensa, cómo no, pero que por razones obvias debe tener una extensión como la presentada.

    Entre las cosas que me han gustado están, por ejemplo,”un escritor debe preocuparse mucho más en escribir, y escribir con la mayor honestidad posible, que pensar en la promoción”. Yo estoy en proceso de escritura de mi primera novela (espero que hayan muchas), y he tenido que pasar por varias frustraciones y procesos de reinvención para darme cuenta que esa frase es casi un axioma para alguien que quiere convertirse en escritor. Por supuesto que están los deseos de la publicación y la promoción, porque si no, ¿para qué uno escribe, sino para ser leído?, pero que de ninguna manera deben superar la convicción de entregarse al máximo en el material que uno trabaje, porque pensar en la fama es un suicidio, y más cuando no se ha terminado un libro. Tengo 31 y desde los 20 siento que debo ser escritor (ya escrito unos cuentitos y poemitas de amores pobres), pero nadie es lo que siente hasta que realmente trabajas para ello y eso se refleja en la realidad, no porque te vaya a leer todo el mundo, sino por la satisfacción de haber dado lo mejor.

    Me ha gustado también la aspiración de Jaime de ver “Lee por gusto” no sólo en versión virtual sino también impresa. Desde luego no se vendería como El Trome (aunque no es mala idea de marketing que, al menos al principio, venga como un agregado cultural del diario, cosa que así la gente lo lee, al menos por recibirlo gratis), pero los que apreciamos este gran trabajo seríamos fieles lectores y compradores (viví en Buenos Aires, Argentina, y era un placer total levantarme los sábados temprano e ir al puesto de diario a comprar la revista Ñ, que con el tiempo fue creciendo y masificándose. Ahora no es lo mismo leerla a la distancia en la web, pero al menos se puede leer).

    También me ha gustado lo del crecimiento de las editoriales independientes; eso nos da, a los escritores principiantes, el aliciente de que nuestro libro, que por supuesto debe ser bueno, será cobijado y encuadernado por algún editor que se la juegue por nosotros.

    Por último me ha gustado y envido que conozco Aracataca, ese pueblo que debe vivir entre la realidad y la ficción, pues no puede ser de otra manera cuando las obras monumentales de un autor fabuloso tomaron como inspiración y materia prima un lugar que ni en las cercanías saben cómo llegar (guardando años luz de distancia, me pasa lo mismo con Chulucanas -en Piura- lugar donde vivo ahora, pues de pequeño viví en Piura y cuando a miles de kilómetros años después leería a Gabo me di cuenta que me fascinaban sus historias, y por dos cosas concretas: la primera, porque está escrita de manera embrujadora, con los adjetivos que sólo él sabe y puede usar; segundo, porque me hizo recordar vivencias de cuando niño, vivencias que ahora trato de recuperar ya no solo con la memoria sino con de cuerpo presente, y pretender, ahora sí con mucha humildad, que esta simbiosis ilumine mi creatividad y, a ver qué pasa de aquí en unos años, quizás cinco, cuando “Lee por gusto” cumpla 10 años y tenga edición impresa y, por qué, “El buen librero” también haya ascendido más peldaños de los que ya tiene a cuestas. Suerte!

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