DestacadosEn la yugular

Todo termina esta noche

page

(POST) Los años no pasan en vano. Esta es la idea que tengo luego de leer el segundo libro de relatos de Johann Page, Todo termina esta noche (Peisa, 2015). No lo pienso mucho: Page es ahora un escritor distinto y, en cierta medida, maduro. Lejano, a años luz, de su olvidado cuentario Los puertos extremos, título con el debutó, en el que percibíamos a un autor que escribía muy bien, absolutamente dueño de sus recursos narrativos, pero que a la vez poco o nada nos decía o comunicaba por medio de él.

Por:

Gabriel Ruiz Ortega

Si retrocedemos al contexto en el que apareció su primera entrega, podríamos cartografiar al autor en las coordenadas de la tendencia de la narrativa metaliteraria, la misma que amenazó con marcar una línea o moda en la narrativa peruana de aquel entonces. El tiempo, para bien de nuestra tradición, socavó hasta desaparecer las entusiastas fuentes del discurso metaliterario, un discurso que no se supo aprovechar del todo debido a que sus cultores se nutrieron de voces ajenas a nuestra tradición. Se leyó muy mal a los referentes metaliterarios y se intentó imponer una línea narrativa sin respetar aquello que Bolaño sostenía hasta el hartazgo: el respeto de la voz del  día a día. Es por ello que poco o nada nos dejó este registro, siendo en esencia rico y generoso en posibilidades narrativas. Se quiso hablar del proceso literario como tema, pero la voz empleada se caía sola, por falsa, inverosímil y no pocas veces huachafa. Sin duda, hablamos de una oportunidad perdida para un registro que pudo ofrecer frutos atendibles y es mi deseo que este pueda regresar, pero ahora con autores capaces de reconocer y encontrar su voz en nuestra tradición ante todo, para luego importar las formas y estructuras no ubicables ni desarrolladas en la historia de nuestra narrativa.

De aquella tendencia metaliteraria, sobreviven algunos títulos, que no envejecen, o que se han untado tinte para solapar las canas, como Casa de Islandia de Castañeda, El inventario de las naves de Iparraguirre, Manual para cazar plumíferos de Aguirre, París personal de García Falcón y Migraciones de Coral. Y allí paramos de contar. No busquemos más.

Como dije al inicio: los años no pasan en vano. Podemos aseverar que Page ha encontrado su voz y, si vamos más allá de las certezas inmediatas, también  su tema. En este sentido, Page se encamina con paso muy firme hacia una envidiable madurez narrativa porque los siete cuentos de Todo termina esta noche son un gran muestrario de las debilidades y fuerzas de su poética.

En lo personal, siento que se le está dando una lectura tremendamente equivocada a los cuentos que giran sobre la figura del padre, los mismos que nos presentan a un autor interesado en las pequeñas tragedias familiares y emocionales, pero que evidencian una mirada que no cierra ni asimila la fuerza de su nervio narrativo, nervio narrativo que sí redondea y eleva detallando las miserias psicológicas que deparan las relaciones de pareja. En los cuentos sobre los conflictos de pareja vemos a un escritor que sí tiene muchísimo que decir. En este sendero transita como pocos y somos testigos de un Page recargado, como también despreocupado, que nos conduce a una verdad literaria que podríamos ejemplificar como un golpe en el bajo vientre, entendiendo a sus personajes carcomidos por el fuego interno de lo que no desean aceptar.

Desde hace buen tiempo la narrativa peruana viene reclamando una novela ambiciosa sobre la intimidad, de los cursos oscuros que signan lo no dicho y expresado en las relaciones de pareja. O sea, una novela que coja por las astas las tensiones que suceden en una relación de dos. Por lo leído en los cuentos de Page instalados en este tópico, tengo la impresión de que asistimos a novelas encapsuladas. A lo mejor, soy presa de un sueño canábico, y como ya señalé, nos urge una novela sobre la intimidad, tipo El pasado de Pauls, una novela con mucho colesterol, pero colesterol del bueno, ambiciosa, con cimas y ripios, tal y como lo es toda novela de largo aliento que se precie de tal. De Page depende.

Foto tomada de: Elcomercio.com

Share:

Leave a reply