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Sellos de un escritor

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“¿Por qué algo como esto tenía que pasar conmigo? Todo lo que hice fue ir a la biblioteca para sacar algunos libros.”

– Narrador de “La Biblioteca Secreta”

 

(POST)  Quien empiece a leer Murakami puede sentirse frustrado al no entender el funcionamiento de sus historias (o las historias que se manejan). Es por eso que, al final, el lector se queda con la sensación de haberse perdido algo en el camino. Pero debo decir en favor de él que aquí juegan un rol importante la experiencia previa que se tenga con sus anteriores obras. Los lectores de Murakami sabemos que. una vez que nos dejamos absorber por sus mundos, es hora abandonar toda lógica y sus reglas para que la lectura fluya.

En “La biblioteca secreta” cuenta la historia de un chico con una pasión por los libros de una biblioteca que un día, por desgracia, caen en el laberinto hecho por un anciano que vive en una de las bibliotecas que él más frecuenta. El niño acaba permaneciendo encarcelado por algún tiempo, durante el cual hace dos amistades inusuales que serán decisivas para la resolución de la situación en que se colocó. Finalmente puede salir del laberinto pero a un alto costo; ha perdido algunas cosas que le son muy especiales, entre ellas la inocencia y el asumirse como un adulto.

Con influencias de Dahl, Kafka e incluso Tim Burton, es fácil de detectar su lado más siniestro. Y para aquellos que piensan que el libro y la acción de la historia se centra en la biblioteca: Murakami es un autor que rara vez escribe sobre solo un escenario. Logra una introspección bastante profunda y retrata con precisión a cada uno de los personajes que lo rodean en su universo.

La lectura de este libro está brillantemente complementada con ilustraciones de La Biblioteca de Londres. Éstas, logran conectarse bastante bien con la historia y son, a veces, parte de ella. Esta combinación le da un carácter más personal e incluso coleccionista al el libro, de forma brillante, se quedando este mucho más allá de la escritura.

Lo que es innegable es que la edición de La biblioteca secreta es muy llamativa, porque cuenta con las ilustraciones de la alemana Kat Menschik, con cierto aire de cómic. Menschik repite después de Sueños con el beneplático del autor, y entre ambos logran sumergirnos en la lóbrega atmósfera del cuento, en cada pequeño capítulo que Murakami ofrece como una efectiva píldora literaria. El texto no nos durará ni un santiamén –son menos de treinta páginas si quitamos las ilustraciones–, pero como regalo literario viene que ni pintado, especialmente si la persona que lo va a recibir es fan de Murakami. (Fantifica)

Murakami nos deja, en un análisis más superficial,  una invitación para asistimos más a las bibliotecas y perdernos en lo tanto que ellas nos tienen para ofrecer. Pero más que eso, nos invita a observar realmente todo lo que nos rodea, para absorbernos en eso; liberar a los pies del suelo y aceptar que nuestro mundo no es el único, que nuestra realidad no es, y nunca será, aislada en un solo plano. Y eso, más que una invitación, es un verdadero regalo.

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