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Eléctrico ardor- Dany Salvatierra

electricoardor1Título: Eléctrico Ardor
Autor: Dany Salvatierra
Editorial: Estruendomudo, 2014

Brutal y sarcástica. Así podría resumirse esta novela de Dany Salvatierra que, pese a tocar temas ya bastante tratados en la literatura peruana contemporánea, logra refrescar ese panorama contando la historia de Prudencio y Rodrigo. La contundencia de sus imágenes y el lenguaje bien usado en su prosa, llevan a pensar que estamos ante una narración auténtica, capaz de señalarnos que Salvatierra va consolidándose como un autor al que hay que seguir con expectativas de sobresalto.

Por:

Gianfranco Hereña

Lo primero era cortarles la cabeza. Los cuerpos nunca me importaban. Los echaba al jardín, junto al resto de esqueletos que los gatos desenterraban. Lo segundo era cortarles la carne hasta dejar el cráneo limpio. Lo tercero era introducir los dedos por el cuello para extraerles el seso, arrastrando los grumos de corteza cerebral con una cucharilla para el té.

No, no se trata de un cuento para freaks. Es el inicio de Eléctrico Ardor, una novela que ha sido capaz de sacarle la vuelta a un tema tan manipulado como el terrorismo en el Perú. Salvatierra nos cuenta la historia de Prudencio, un ex miembro de un grupo subversivo que vive enclaustrado con la añoranza de revivir a su partido (derrotado a principios de los años noventa con la captura de su líder).  Prudencio vende collares hechos con cráneos de paloma y así sobrevive, a la sombra pública, aparentemente sereno. Todo se resquebraja con la llegada de Rodrigo, un niño inválido que se muda al frente de  su casa. Prudencio se enamora de él y es aquí de donde parte lo más interesante de la trama.

Iniciar la novela con el Camarada Prudencio describiendo parte de su oficio, no hacen sino revelarnos una tendencia en la narrativa moderna. Es bastante audiovisual y por momentos brinda la sensación de estar en una película donde él mismo guía nuestros pasos, escena por escena, desnudando la mentalidad de un hombre que ha permanecido encerrado tanto tiempo y  no logra adaptarse a la modernidad.  Aquí es donde entra a relucir el sarcasmo . Apela a un humor fino que, a su vez, también denuncia a las modas actuales como el esnobismo y el ataque penetrante del Internet en la vida de las personas (Prudencio no concibe cómo pueden venderse online camisetas con la foto del Presidente líder de su partido y usarse tal cual fuese una moda).

Así lo menciona con sus propias palabras:

No pude decir más. Me faltaba el aire. Incluso empecé a ver en rojo por tanta sangre que se me subió a la cabeza. Ahogándome de furia quise creer que el camarada me estaba tomando el pelo. Era imposible que, doce años después, los jóvenes que compraban esas camisetas no supieran quién era el Presidente. Ni el partido. Tenían que acordarse. Me dieron ganas de arrancarme la piel con un cuchilla de la cocina hasta dejarme sin pellejo, como las palomas.

Y si Prudencio es el personaje principal, quien lo mueve y da color a través de las páginas es Rodrigo. Guarda para si mismo una maldad que nos resulta encantadora e inocente. Por momentos hace recordar a Fonchito de Elogio a la madrastra (salvando distancias). Su sabiduría prematura, sus gestos adultos, la sutileza que tiene para mantener la tensión sexual entre él y Prudencio, logran complementarse bien gracias a la atmósfera de expectativa.

Me sequé el sudor con el dorso de la camisa. El niño me miraba desde abajo, estirando la cabeza, liliputiense, como si formara una sola unidad con la silla. Sus pecas eran inalcanzables, más lejanas que cuando lo había tenido en mis brazos. Recordé el largo camino que tendría que recorrer para poder comérmelo vivo, como la bruja de aquel cuento que cocinaba a los niños glotones en estufa.

Los altibajos de la novela quedan expresados casi por el final, cuando ya se percibe cómo es que podría terminar la historia entre ambos. Sin embargo, eso no quita que Eléctrico Ardor sea una novela valiente, pero sobre todo atrevida. Si hay algo que el autor ha sabido lograr junto a esta y sus otras dos publicaciones (Terapia de grupo y Síndrome de Berlín), es lograr una voz auténtica, fluida, llena de sensaciones e imágenes. Salvatierra elimina los ripios narrativos y se encarga de contar bien sus historias. Esa fórmula, que parece funcionarle, va consolidándolo como una de las voces jóvenes que conviene seguir. Eléctrico Ardor es, que duda cabe, una de sus mejores cartas de presentación.

Recomendable.

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